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El cine según Alberti: Entre la erudición y la experimentación

El cine según Alberti: Entre la erudición y la experimentación

Introducción

Rafael Alberti fue uno de los artistas más importantes del siglo XX en España. No sólo destacó como poeta, sino también como pintor y, aunque en menor medida, como cineasta. De hecho, su labor cinematográfica ha sido menos estudiada que la literaria o la pictórica, pero no por ello menos interesante. En el presente artículo, vamos a analizar el cine de Alberti, centrándonos en sus dos cortometrajes más destacados: La araucana y La Gallina Ciega.

Alberti y el cine

Antes de abordar la obra cinematográfica de Alberti, es necesario contextualizar su relación con el mundo del cine. En la década de los años veinte, el cine comenzaba a ser una industria consolidada en España, con importantes estudios como la Fox o la Paramount establecidos en el país. En este contexto, muchos artistas vieron en el cine una oportunidad para expresarse, para explorar nuevas formas de narrativa y para experimentar con la imagen en movimiento. Alberti was one of these artists.

La araucana

La araucana es el primer cortometraje de Alberti, rodado en 1938, justo al comienzo de la Guerra Civil española. La película es una adaptación libre del poema épico homónimo de Alonso de Ercilla, que narra las hazañas de los conquistadores españoles en América Latina. Alberti tomó algunos episodios del poema y los representó con un estilo inclasificable, que mezcla la erudición con la experimentación. La araucana es una obra difícil de interpretar, ya que presenta una trama enrevesada y una estética surrealista, que incluye elementos como actores disfrazados de monos o de aves, o primeros planos de una mano sosteniendo un objeto. Alberti experimenta con la imagen en movimiento, utilizando técnicas de montaje y de sobreimpresión. Además, incluye una voz en off que va recitando algunos versos del poema original, enriqueciendo el significado de las imágenes con una dimensión literaria.

La Gallina Ciega

La Gallina Ciega es el segundo cortometraje de Alberti, rodado en 1953. El título hace referencia a un juego infantil en el que uno de los participantes es vendado y los demás deben empujarlo hacia un objetivo, y simboliza la falta de perspectiva de la humanidad en general. La película muestra un día en la vida de unos niños que juegan en la playa. La acción transcurre a cámara lenta, y Alberti se detiene en los detalles: el movimiento del agua, la textura de la arena, la mirada de los niños. Pero, al mismo tiempo, incluye elementos perturbadores, como una mujer desnuda que aparece de repente en la pantalla o un primer plano de un juguete ensangrentado. La Gallina Ciega es una obra que se abre a múltiples interpretaciones. Algunos críticos han visto en ella una crítica a la alienación del ser humano en la era de la tecnología, mientras que otros la han interpretado como una reflexión sobre la infancia y la pérdida de la inocencia.

Conclusiones

Alberti demostró en sus cortometrajes una gran capacidad para experimentar con el lenguaje cinematográfico, utilizando técnicas narrativas y estéticas nuevas y desarrollando una voz propia dentro del cine español de la época. Sus obras son difíciles, pero a la vez fascinantes, y muestran a un artista completo, que supo combinar su amor por la literatura, la pintura y el cine.